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En América Latina, las personas salen de votar desconfiando del político que han elegido

Por Fernanda Villavicencio
 

 

¿Cuáles han sido los principales logros en materia institucional estos últimos años en Perú?

El logro más importante es haber iniciado un proceso de descentralización conducido por los propios actores. Hay procesos de descentralización en que las autoridades territoriales son  elegidas a dedo y  otros que fueron designados electoralmente. En el caso del Perú, en 2002 se celebraron las primeras elecciones territoriales. Tienen la particularidad que los departamentos poseen provincias y cada consejo del gobierno regional, cuenta con un delegado por provincia. Además se da participación a las organizaciones sociales.
Dentro de este proceso de descentralización  junto con Brasil tenemos presupuesto participativo. Esto se construye a través de una pirámide que funciona de abajo hacia arriba en donde la ciudadanía, las instituciones locales y las comunidades van actuando y planteando de acuerdo a las adjudicaciones,  como se distribuye en cada territorio. Institucionalmente, esto es lo más destacable en cuanto a la estructura del aparato público.

¿Qué expectativas en materia de fortalecimiento institucional se vislumbran a partir de las últimas elecciones?

Las próximas elecciones en Perú *(1) son el reflejo de un largo proceso que comienza en la década del 40 de concentración territorial. Al igual que el resto de América Latina, a excepción de Uruguay,  mientras aumentaba la concentración territorial aumentaba la desigualdad, al contrario de lo que sucede en Europa. Esto significa que no es una causa-efecto, más concentrado-más desigual, sino que deben existir otras razones.
 En mi opinión, se debe al divorcio entre la acción del aparato público y las personas con sus familias. Esta situación ha dado como resultado lo que llamamos “dos Perues”, uno compuesto por 9 territorios, que concentran el 72% del PIB, (cifras del 2009) mientras que los otros 15 departamentos, tienen la diferencia. Durante estos últimos 10 años se generaron  territorios olvidados, que son la mayoría. Esta situación da candidatos que los representen: en este contexto, llegamos a la segunda vuelta electoral. Dos candidatos que han trabajado territorialmente. Uno es un ex militar (Humala) y otra la hija del ex -dictador (Fujimori) que se encuentra preso y que se han dedicado a cosechar los resultados. Son proyectos familiares y no poseen una doctrina  importante de base. De una u otra forma han recogido los votos de los territorios pobres y, hasta el momento, a 10 días de las elecciones están en empate técnico. La única diferencia que destaca Humala, es que no recoge votos en el sector de medios ingresos por considerarse algunas cuestiones en su plan electoral de alto riesgo.  Las elecciones serán, a pesar de que la desigualdad es territorial, por estratificación social. La estratificación social es la que define la conducta del votante. Si un médico es de medios ingresos, votará de acuerdo a su condición social, independientemente del lugar en donde viva. 

Las limitaciones en el acceso a la educación son claves para el ejercicio futuro de una conciencia ciudadana y una sociedad involucrada en la toma de decisiones, ¿cómo cree usted que puede revertirse esta situación en América Latina?

No sólo es el acceso, sino de la calidad y del rendimiento.  En temas de cobertura, América Latina ha avanzado bastante. Perú y Chile son países que van cumplir los ODM. En Perú en 10 años se ha duplicado la cantidad de alumnos que terminan el secundario y en muchos casos se ha cerrado la brecha territorial (urbano-rural), se mantiene  la brecha de quintiles (riqueza/pobreza), y se ha cerrado la brecha de género (varón-mujer). Pero hay una problemática de calidad, que va depender de 4 elementos: la infraestructura, que no está en manos de las familias; la capacitación de los profesores, que es crucial; la currícula, que felizmente se está adaptando a los distintos territorios y la cuarta y más importante es  el coste de los materiales escolares, que en el Perú representan un 66% de los ingresos de una familia. Ningún país en América Latina tiene un programa de suplemento permanente para la compra de uniformes, zapatos o libros. Por lo tanto, los pobres tienen un problema de baja calidad en educación o simplemente de malos resultados totales, porque  muchas familias no mandarán al niño a la escuela porque eso significará renunciar a la comida de 5 personas para el día siguiente.
El peor de todos los problemas es del rendimiento. Hay un estudio realizado por la Universidad de Harvard que señala que en los sectores de pobreza hay una serie de privaciones afectivas en los niños de padres que salen a trabajar muy temprano por la mañana y con suerte los ven un rato por la noche: sufren de un estrés tóxico que crea daño cerebral, traducido en bajo rendimiento. No es un tema nada más nutricional, por déficit de hierro en la alimentación que produce daños irreparables, por calidad educativa o dificultad en el acceso a la educación, sino que el tema de la privación afectiva y el estrés tóxico no está siendo atendido en ningún país. Necesitamos que los centros públicos, guarderías se ocupen de este tema: la construcción afectiva que ayude a los padres en el complemento que necesitan.

Desde su perspectiva, ¿cree usted que los procesos electorales han caído en el descrédito general en América Latina?

América Latina es un territorio floreciente en materia electoral. A la gente le gusta ir a votar, pero en muchos casos lo hace porque es lo que marca la ley. La mayoría de las personas  sale de la urna y  no confía en la persona que ha votado.  La consecuencia natural es que haya una brecha entre la autoridad pública y la ciudadanía;  esto conduce a que la gente se desentienda de la política y de la acción pública, que el Estado pierda ascendientes en las personas y se asemeje a un barco con un capitán en el que nadie cree. Existe una estupenda democracia electoral pero hay una distancia entre la autoridad que está dejando el cargo y la que la va a suceder.

¿Cuál es la clave para que América Latina deje de ser cíclica en términos de pirámide social  y pueda lograr un crecimiento sostenido?

Pareciera ser que hay en América Latina muchos utilitaristas, ya que si los humanistas llegaran a los cargos públicos sería un hecho natural que se construyera  justicia social y que no se sirviera de su cargo para beneficio propio, por lo tanto no habría corrupción. Lamentablemente América Latina es el segundo territorio de corrupción en el mundo. Esta situación, unida a la falta de respuesta a las necesidades concretas de la gente, hace deducir  que demasiados utilitaristas conducen nuestros países. Hemos tenido que endurecer las leyes contra el nepotismo y aún así se dan estás situaciones. No es egoísmo en sí lo que predomina en América Latina, es sólo un ingrediente. El utilitarismo es como una gran batidora en donde hay muchos ingredientes: el egoísmo, el desprecio por la vida. En este escenario las dictaduras se ponen a la orden del día u otras formas de gobierno que, sin llegar a serlo, recortan las libertades de los ciudadanos.
Hay muchas problemáticas por enunciar en este divorcio de acción-realidad objetiva  que parecerían términos abstractos:  la pobreza; la injusticia; la desigualdad o la asimetría territorial. No son cuestiones que han crecido como árboles bajo la lluvia. Cuando se habla de injusticia hay alguien que la sufre y alguien que la consiente o la promueve. Si los utilitaristas llevan los cargos públicos sabemos que estas cuestiones no se van a resolver. La autoridad pública debe resolver  los problemas objetivos existentes en las personas, este es el desafío más grande de la Cooperación: ser un catalizador de las acciones de buen gobierno. En América Latina sólo el 22% promedio de la población participa socialmente en la conducción de su país. Este es el problema de fondo, como no se confía nadie, ¿por qué me voy a meter? Si queremos señalar responsables, debemos comenzar por nosotros mismos.

(1) En el momento de la realización de esta entrevista todavía no se había celebrado el ballotage, en donde Ollanta Humala resultó elegido como próximo presidente del Perú.

 


 

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