Entrevista a Paloma Durán y Laguna, catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid
Por Fernanda Villavicencio

En la actualidad se debate sobre el concepto de fortalecimiento institucional y su aplicación a distintos niveles, ¿Podría darnos una definición de fortalecimiento institucional?
Hay muchos modos de definir el fortalecimiento institucional, pero si tuviera que elegir optaría por afirmar que es la construcción de capacidades, tanto para personas, como para grupos y organizaciones, con el fin de mejorar sus habilidades para conseguir los objetivos de desarrollo que se hayan propuesto.
¿Qué herramientas existen para promover y consolidar el fortalecimiento institucional en un contexto de crisis como el actual?
No hay una receta universal para encontrar las herramientas adecuadas, pero se asume que el fortalecimiento implica construir capacidades, éstas están condicionadas por el área sectorial y territorial en el que se pretende fortalecer; así como por los agentes que actúan y los destinatarios.
A pesar de ello, me parece que en todo proceso de fortalecimiento, hay un factor que es casi condición necesaria para conseguir el fortalecimiento, y es la transparencia. Éste es un supuesto indispensable y se ha demostrado necesario tanto para las personas, como para grupos y organizaciones, tengan naturaleza gubernamental o no gubernamental.
No me refiero solo a la transparencia en momentos concretos del proceso, sino en la propia identificación del mismo, de las fortalezas y debilidades del proyecto de fortalecimiento así como de todos los agentes que participan en el mismo.
¿Qué rol cumple la sociedad civil en el Fortalecimiento Institucional y cómo ha variado este papel tras 50 años de Cooperación?
Desde mi punto de vista, la sociedad civil es ahora, en muchos casos, el principal agente del fortalecimiento institucional. Nos encontramos en un momento especialmente interesante, en el que muchas instituciones están en situación de debilidad; y en muchas sociedades, las entidades gubernamentales carecen de credibilidad. En esos casos, solo la sociedad civil puede jugar un protagonismo real para recuperar el verdadero desarrollo. No en vano la Declaración de París reclama “mutua responsabilidad”; y el Programa de Acción de Accra propone el fortalecimiento de la propia sociedad civil.
En este sentido, el cambio en los últimos 50 años es vertiginoso, porque se ha pasado de una posición si se quiere pasiva, y prestacionista; a una posición claramente activa y de acción directa de la sociedad civil. La realidad ha confirmado que es precisamente la sociedad civil quien conoce mejor el entorno y las circunstancias en las que se reclama el fortalecimiento institucional.
¿Qué ejemplos significativos podrían destacarse en Iberoamérica sobre la implicación de las mujeres en los procesos de fortalecimiento institucional?
En la mayor parte de los países de Iberoamérica (aunque casi podría decirse que es un fenómeno universal), las mujeres han protagonizado un liderazgo muy importante en las comunidades locales. No me refiero solamente a la participación política y al liderazgo local, sino también a los programas de educación, de sanidad, de recuperación después de conflictos, de fomento del dialogo y la consolidación de procesos de paz. Me parece que en cualquier país que podamos elegir, hay ejemplos, que van, desde los programas de microcréditos realizados por mujeres en el norte del Perú; a los programas de alfabetización a través de la radio, liderados por mujeres en zonas rurales de Costa Rica; o al asociacionismo vivido en el caso de Guatemala y El Salvador en los procesos de paz.
¿Cuál es la finalidad de la integración de la perspectiva de género en el fortalecimiento institucional?
En primer lugar, habría que perfilar qué se entiende por la integración de la perspectiva de género. Me parece que históricamente, tanto en los programas de desarrollo, como en los de fortalecimiento, las mujeres no han estado presentes, salvo para identificarse como población “objeto de protección”.
El hecho de que todas las sociedades del mundo, tengan una composición de mujeres y hombres reclama no solo incrementar, visibilizar y tener en cuenta a las mujeres, sino contabilizar el impacto que tienen las diferencias entre mujeres y hombres, que han sido construidas culturalmente. En este sentido, medir y considerar ese impacto de género resulta esencial para garantizar el verdadero fortalecimiento.
¿Cuáles han sido los principales aportes de participación de la mujer en todas las esferas de la sociedad?
Trataré de señalar algunas referencias: en el caso del desarrollo económico, está más que confirmado que las mujeres han sido más responsables para cumplir los objetivos y en su caso, para devolver los préstamos recibidos. En el ámbito político, han integrado modos y maneras de trabajar y construir diálogos que no estaban presentes. En el ámbito de la empresa, han facilitado el desarrollo de la cultura de la diversidad y de la responsabilidad social. Y un largo etcétera. En todos los ámbitos de la vida social en los que ha habido incorporación de mujeres, se han detectado mejoras.
Y resulta lógico, porque han aportado herramientas que no estaban presentes.
En todo caso, me parece que la igualdad no es bandera ni patrimonio de ninguna ideología o partido político, y ni siquiera es exclusiva de mujeres o de hombres. Pienso siempre que la igualdad es un valor social; y en las sociedades en las que se detectan desigualdades, toda la sociedad debe apostar por superarlas, con la participación de mujeres y hombres, y por supuesto con una colaboración conjunta de instituciones y de sociedad civil.